Bavaresa Blanca al Pico de la Miel (200m, 6a)

En lo que parece que va a convertirse en una tradición anual, estas navidades volvimos a despedir el año escalando en la Cabrera. Quedamos en el bar Noel, Paula, Marta y yo sin tener muy claro ni si íbamos a hacer dos cordadas, ni qué vía íbamos a subir, ni nada. Queríamos escalar al solecillo y ya.

Hicimos la subidita de aproximación contando cordadas en el Espolón Manolín y en la Ezequiel, que estaban a reventar; pero con la esperanza de que si no había ninguna cordada esperando para empezar, podríamos darnos un respirillo al pie de vía y después subirlas nosotros. Ilusos. Al pie del espolón había 3 cordadas esperando, y al pie de la otra, dos. Así que según subíamos yo me iba fijando en una bavaresa blanca preciosa a la derecha de la Ezequiel. Al preguntar a una de las cordadas que esperaban, nos recomendaron precisamente esa línea que, oh sorpresa, se llama Bavaresa blanca, y que consiste en un primer largo de 6a y luego ya fácil. Así las cosas, decidimos hacer una sola cordada los 4, con Marta encordada más o menos a 40 metros de una cuerda y Noel (que no tiene permitido caerse) al final.

Aquí se aprecia el método de encordamiento y el tiempazo que nos hizo

La vía comienza con una chimenea sencilla que te deja en un pedestal desde el que llegas a chapar el primer único parabolt del largo. Metro y medio más arriba ves un clavo y ahí se acaban las buenas noticias. Los primeros metros se escalan en bavaresa pura, con los pies muy altos y tirando con fuerza con los brazos, en un estilo de escalada muy físico, hasta que la pared tumba unos grados y te deja apoyar el pie en la pared derecha. Aquí ya estás por encima del clavo pero aún por debajo del estrechamiento que te deja proteger con el camalot azul. Subes un poco, proteges, y poco después puedes meterte a descansar en una especie de nicho que forma la roca, donde todavía encontramos otro clavo en buen estado.

Marta escalando en bavaresa, la tónica de la vía. Saliendo de la R2

A partir de aquí la fisura se divide en dos. Te deja progresar y proteger un par de metros pero rápidamente te exige que, tirando de fe, te metas de lleno en la fisura de la derecha, improtegible a no ser que lleves un #5 o un #6. Aquí noté la falta de costumbre en granito, que hace que todo me cueste siempre un poco más cuando escalo por aquí. Tuve que concederme un par de minutillos y alguna que otra duda para convencerme de que el camalot rojo que tenía en los pies era un cañón y que dejara de llorar. En un par de apretones más se llega a la reunión, muy cómoda, en una buitrera.

Yo pensaba que tanto Marta como Paula, que son novatas en el noble arte de pelearse con grietas en la pared, pasarían un rato chungo, pero tanto una como la otra subieron con mucha decisión y disfrutaron de la escalada. En el fondo, si vas de segundo y puedes permitirte parar a descansar, este tipo de escalada tan física y continua se hace relativamente bien.

Reuniones concurridas, reuniones no aburridas!

El segundo largo es un trámite por fisuras sencillas, con una pequeña travesía a izquierdas y acabando en una reunión también cómoda. El tercer largo, por otra parte, es una maravilla para los sentidos. Comienza con otra bavaresa, más corta, esta vez a izquierdas, en la que es clave confiar en la goma de los gatos. Una vez superada, te enfrentas a un campo de patatas perfecto en el que hay que tomarse un tiempo para discernir el recorrido de la vía, de todas las opciones que presenta. Al final se sube bailando alrededor de una fisurilla que te permite ir protegiendo a placer, y se llega ya al balcón común con tantas otras vías de la pared.

La gosadera del largo 3.

Es curioso porque este largo sí que se les atragantó un poco a todos. Primero Marta tuvo que apretar más de la cuenta en la bavaresa inicial, sobre todo porque los seguros quedan un poco a desmano y tuvo problemas para deschapar. Y luego Paula y Noel respectivamente, esta vez encordados a distintas alturas de la misma cuerda, se cayeron en el mismo sitio, saliendo de la reunión, porque se empeñaron en subir la bavaresa como un mono sube por un cocotero. O algo así dijeron.

Feliz 2022!

Desde esta reunión solo queda una tirada sencilla hasta la cima, en la que nos esperaban unos paisanos con turrón. Qué manera más tonta y más maravillosa de despedir el año, comiendo un turrón en la cima de una mole granítica, rodeado de buena gente, mirando a la A1 como el que mira el año que tiene por delante. Que dure muchos años, esta nueva tradición.


Material: un juego de friends, mejor cuanto más grandes.
Fecha: 31 de diciembre de 2021
Horario: unas 3 horas

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