Racs a la Pared de la Cascada (300m, 7a+)

Hace años, tocaba el violín. Mucho. Y me encantaba tocar y escuchar piezas de Beethoven, era un autor que nunca me decepcionaba. Obviamente mi ilusión era interpretar, algún día, su Concierto para Violín en Re Mayor. Quizá no la pieza más difícil, pero definitivamente la más famosa, la gran obra maestra para violín del alemán. Nunca tuve el nivel para afrontar semejante reto.

Ahora, escalo. Mucho. Y me encanta escalar vías del Gálvez, un tipo que nunca decepciona. Obviamente mi ilusión era escalar, algún día, su vía más famosa en el templo de la escalada, la Racs en Ordesa. Casi sin seguros en los largos, roca de ensueño, desplomes inhumanos. Este año por fin nos sentimos con fuerzas para atrevernos con semejante mito.

Primero comienza la orquesta, dibujando cuáles serán los temas que se dejarán escuchar más tarde por el violín, como cuando en la caminata de subida vamos intuyendo la pared, los desplomes y la cascada entre los árboles. Ordesa amanecía de blanco, con unas nubes que afortunadamente nos acompañarían todo el día. En esta vía da mucho el sol y corre poco el viento, por lo que es recomendable evitarla en días de calor.

Acabando el primer largo

Durante la primera mitad del primer largo, si no miramos hacia arriba, podríamos pensar que se trata de una vía más, de una sonata más, al alcance de cualquier violinista de pacotilla. Eso dura lo que tarda en intervenir la orquesta, en forma de techos salvajes, obligando al concertista a ser atrevido y demostrar tablas, para pasarlos sin sufrir mucho y protegiendo bien, como hizo Xavi.

Comienzo del segundo largo

El segundo largo comienza con una pequeña sección amable, que te lleva a una fisura perfecta. Seguimos con la tónica de empotrar manos, de movernos a izquierda y a derecha como locos, disfrutando de la partitura que dejó escrita Gálvez hace más de 30 años. Aquí vamos a reconocer que, sin querer quitarnos méritos, hemos tocado esta partitura con autotune. Hoy en día la vía está totalmente marcada de magnesio, lo que hace mucho más fácil la lectura y la orientación, y los empotres de mano son mucho más sencillos con los modernos guantes de fisura. Por no hablar de la tranquilidad de llevar dos juegos de totem, que debería contar como hacer trampas.

Xavi currándose el inicio del 3er largo

El tercer largo, de nuevo a cargo de Xavi, afloja un poco su dificultad con respecto al anterior, pero sigue requiriendo brazos, temple y resistencia. Suerte que el company tiene de los tres a patadas y se lo merienda sin problemas. Nos plantamos, así en el nicho del que sale el largo estrella. Comienzo yo, disfrutando como un enano de los primeros metros entre techos, que te exigen sacar a pasear todas las habilidades que tengas en la recámara: diedro, regleteo, mantle, empotramiento… en el momento clave, incluso encontré un empotre de rodilla que me dio la vida, para poder proteger con calma y disfrutar del vacío que se abría bajo mis pies. El largo sigue después una tónica de paso-reposo muy disfrutona, porque puedes ir gestionando el desplome muy bien, hasta que llegas a los últimos metros, la cadencia al final del primer movimiento, cuando el músico debe improvisar ante el atento silencio de la orquesta, el momento en que los virtuosos se lucen y los mediocres se esconden.

Por ahí se pasa en libre!

El último clavo ya está muchos metros atrás, y me encuentro delante de la fisura cabrona que da el grado. Intento proteger pero no acabo de encontrar los emplazamientos que me den toda la confianza ni la postura para reposar. Me planteo por un segundo tirar a lo loco hacia arriba, hacia el encadene, pero esa opción se descarta rápido cuando veo que viene un tramo muy duro. Así que aquí el músico empequeñece, agacha la cabeza e improvisa algo mínimo, resultón, para salir del paso. Me cuelgo del totem que he metido, con calma coloco un par de flotantes a cañón para ganar la confianza que necesito y salgo con todo a la reunión. Ha terminado el primer movimiento, la mitad dura de la vía queda atrás.

Xavi delante del paso más duro. Él sí que encadenó!

Xavi comienza el segundo movimiento, más tranquilo, en el que quizá sea el largo más asequible (a excepción del último). Sigue siendo una belleza total de largo, pero te permite bajar pulsaciones. Me toca a mí el siguiente, que a priori no se ve muy criminal. A estas alturas estamos totalmente en conexión con la orquesta, nos dejamos llevar por cada canto, por cada fisura, escalamos disfrutando como niños. Tanto es así, que al llegar al principio de la travesía que da acceso al diedro de este largo, cuando agarro una entosta algo desconectada de la pared, absolutamente magneseada, y se mueve, me tengo que recordar: colega, esto no es Riglos, relaja. Al ser una vía relativamente repetida, está muy limpia para ser Ordesa. Hay que mantenerse alerta y no tirar de las cosas sin pensar, pero con esa consideración sigo disfrutando como un niño todo el largo.

Xavi se encarga, de nuevo, ya en lo que parecían los últimos compases de la vía, de liderar el séptimo largo, el único con un componente relativamente serio de navegación, siempre ayudados por el rastro de magnesio que tiene toda la vía. A estas alturas vamos tan enchufados que casi ni vemos el paso de 6c que marcan al final del largo, tal es la comunión con la roca que llevamos. Vamos, me quedo corto si digo que una experiencia orgásmica.

Cim!

Me tocó a mí terminar la vía por el último largo, un V sin ninguna dificultad serpenteando entre matojos y gradas, para terminar en la cima. Bajando por las clavijas sentíamos todavía una enajenación transitoria que nos hacía ver la vía como puro love climbing, soñar con otras más duras y planear qué escalaríamos al día siguiente. Atrás quedaba aquel domingo de junio de este año en que tuvimos que retirarnos de la R2 de la Racs por el calor inhumano, y el miedo que pasamos. Y todavía no sabíamos que al día siguiente, otra obra del Gálvez, la Heroína, nos iba a poner en su sitio, recordándonos que no todos los días uno está inspirado.

Hay vías, como el reciente Espolón norte del Vignemale, que nunca repetiría. No solamente por duras, sino por no merecer, a mi juicio, el esfuerzo y el miedo que implican. Ésta, sin embargo, estoy convencido de que la repetiré. Mientras me aguanten las fuerzas, iré volviendo a esta vía como quien peregrina periódicamente a su lugar de culto de preferencia. Así de buena es.


Material: Dos juegos de totem, un camalot #3 y #4. Tascones útiles, que no llevamos.
Fecha: 4 de septiembre de 2021
Horario: algo más de 6 horas y media

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